Pericarditis aguda

Taponamiento cardíaco: la complicación más grave de la pericarditis
El taponamiento es con frecuencia el resultado de una acumulación de líquido o de una hemorragia dentro del pericardio, consecuencia de un tumor, una lesión o una intervención quirúrgica. Las infecciones víricas y bacterianas y la insuficiencia renal son otras causas comunes. La presión arterial puede descender rápidamente y alcanzar valores muy bajos durante la inspiración. Para confirmar el diagnóstico, se emplea la ecocardiografía (una prueba que utiliza ultrasonidos para proporcionar una imagen del corazón). El taponamiento cardíaco es, por lo general, una urgencia médica. El tratamiento inmediato consiste en un drenaje quirúrgico o la punción del pericardio con una aguja larga para extraer el líquido y aliviar la presión. Se aplica anestesia local para evitar el dolor cuando la aguja atraviesa la pared torácica. En lo posible, el líquido se extrae bajo control ecocardiográfico. En caso de pericarditis de origen desconocido, se drena quirúrgicamente el pericardio y se extrae una muestra para determinar el diagnóstico. Una vez reducida la presión, habitualmente el paciente permanece hospitalizado en prevención de una recidiva. Taponamiento cardíaco: la complicación más grave de la pericarditis
La pericarditis aguda es una inflamación súbita del pericardio que a menudo es dolorosa y provoca el derrame de líquido y productos de la sangre como la fibrina, glóbulos rojos y glóbulos blancos en el espacio pericárdico.

La pericarditis aguda se produce por varias causas, desde infecciones víricas (que pueden provocar dolor pero que son de corta duración y generalmente no dejan ninguna secuela) hasta un cáncer con riesgo de muerte. Otras causas pueden ser el SIDA, un infarto de miocardio, una cirugía cardíaca, el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide, la insuficiencia renal, heridas, la radioterapia y un escape de sangre procedente de un aneurisma aórtico (una dilatación de la aorta en forma de bolsa). La pericarditis aguda también puede producirse como un efecto secundario provocado por ciertos fármacos, como los anticoagulantes, la penicilina, la procainamida, la fenitoína y la fenilbutazona.

Síntomas y diagnóstico

Generalmente, la pericarditis aguda causa fiebre y dolor en el pecho que, por lo general, se extiende hacia el hombro izquierdo y algunas veces baja hasta el brazo izquierdo. Este dolor puede ser similar al de un ataque al corazón, pero tiende a empeorar al estar acostado, toser o respirar profundamente. La pericarditis puede ocasionar un taponamiento cardíaco, un trastorno potencialmente mortal.

El diagnóstico de pericarditis aguda se realiza a partir de la descripción del dolor y por la auscultación con un fonendoscopio colocado sobre el pecho del paciente. La pericarditis produce un sonido crujiente similar al crujido del cuero de un zapato. Una radiografía de tórax y un ecocardiograma (una prueba que utiliza ultrasonidos para crear una imagen del corazón) pueden demostrar la presencia de líquido en el pericardio. El ecocardiograma puede también revelar la causa fundamental (por ejemplo, un tumor), así como mostrar la presión que ejerce el líquido pericárdico sobre las cavidades derechas del corazón; una presión alta es una posible señal de alarma de que existe un taponamiento cardíaco. Por otro lado, los análisis de sangre permiten detectar algunas causas de pericarditis (por ejemplo, leucemia, SIDA, infecciones, fiebre reumática y valores elevados de urea como resultado de una insuficiencia renal).

Pronóstico y tratamiento

El pronóstico depende de la causa de la enfermedad. Cuando la pericarditis es provocada por un virus o cuando la causa es desconocida, la recuperación se consigue entre 1 y 3 semanas. Las complicaciones o recurrencias demoran la recuperación. Si se trata de un cáncer que ha invadido el pericardio, la supervivencia rara vez supera los 12-18 meses.

Generalmente, las personas con pericarditis deben hospitalizarse, recibir fármacos que reduzcan la inflamación y el dolor (como la aspirina o el ibuprofeno); hay que controlar la posible aparición de complicaciones (sobre todo el taponamiento cardíaco). En caso de dolores muy intensos se administran opiáceos (como la morfina) o un corticosteroide. El fármaco más utilizado en caso de dolor intenso es la prednisona.

El tratamiento posterior de una pericarditis aguda depende de la causa subyacente que la haya provocado. Los pacientes con cáncer pueden responder a la quimioterapia (con fármacos anticancerosos) o a la radioterapia, pero a menudo debe realizarse una extracción quirúrgica del pericardio. Los pacientes tratados con diálisis debido a una insuficiencia renal, suelen responder cuando se efectúan cambios en sus programas de diálisis. Las infecciones bacterianas se tratan con antibióticos y el pus del pericardio se drena quirúrgicamente. Por otro lado, siempre que sea posible, se suspende la administración de los fármacos que pueden causar pericarditis.

Cuando se producen episodios repetidos de pericarditis por una infección vírica, una herida o por una causa desconocida, está indicado administrar aspirina, ibuprofeno o corticosteroides. En algunos casos, la colquicina es eficaz. Si el tratamiento con fármacos no es eficaz, se extrae el pericardio quirúrgicamente.

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